Ingeniería en Materiales: 30 años formando profesionales para el futuro

Ago 31, 2026

Por Vanina Lombardi. Fotos: Instituto Sabato

A treinta años de su creación, ingresantes, estudiantes y egresadxs de la Ingeniería en Materiales se reunieron en el Instituto Sabato (ITS-UNSAM/CNEA) para celebrar este hito académico y compartir expectativas y experiencias de su paso por la institución. Entre ellxs, egresadxs de las primeras promociones que hoy se desempeñan en distintos sectores de la industria, organismos públicos, centros de investigación y universidades, compartieron recuerdos y anécdotas de la cursada, los desafíos de sus primeros años profesionales y cómo la formación recibida marcó sus trayectorias.

Uno de ellos fue Diego Sosa Arroyo, egresado de la primera cohorte (2000). Ingresó a Grupo Tenaris inmediatamente después de recibirse y hoy es responsable de la tecnología de los ciclos térmicos, la robustez y la calidad de los procesos de producción en esa misma empresa. Al principio trabajó en el área de metalurgia, en el centro de investigación y desarrollo de Siderca, y luego se orientó a la parte más operativa e industrial, llegando a liderar equipos de hasta 80 personas. “Que te paguen para estudiar, con una relación alumno/profesor envidiable, es una oportunidad única”, subrayó Sosa Arroyo y les sugirió a lxs estudiantes “que aprovechen la formación y que, dentro de ella, encuentren el camino que más les permita desarrollarse como personas y como profesionales”.

Mariana Tasso también trabajó para Tenaris Siderca, aunque luego se orientó a la investigación académica. Es egresada de la tercera cohorte. Realizó su tesis de grado en Francia, un doctorado en Alemania y estancias posdoctorales en Estados Unidos y la Universidad Pierre y Marie Curie en París. Actualmente es investigadora del CONICET, especializada en el estudio de biomateriales, y desde marzo de 2023, se desempeña como líder de proyectos en la UNSAM. Sobre su paso por el ITS, coincidió con Sosa Arroyo en que es “una oportunidad única” y destacó: “Una aprende a pensar, a saber que puede tener un desafío por delante y que lo va a lograr”.

Dannisa Chalfoun también comenzó trabajando en la industria y luego se orientó a la investigación académica. En su caso, se graduó en 2011 y comenzó a trabajar en Shell antes de defender su tesis. Allí trabajó durante cuatro años como ingeniera en Materiales y corrosión y luego volvió al ITS para realizar una maestría y un doctorado. Luego siguió su formación posdoctoral en la Universidad de Oxford, en Inglaterra. Durante el encuentro, recordó lo difícil que fue para ella dejar su ciudad natal, en la provincia de Tucumán, y cómo su paso por el ITS le permitió trabajar y viajar por países como Alemania, Estados Unidos y Australia. “El instituto me cambió la vida, pude conocer lugares que en mi vida hubiera imaginado. Los sueños que tuve siempre estuvieron un paso atrás de las cosas que me pasaron”, afirmó Chalfoun y destacó la relevancia de las investigaciones académicas y de los trabajos que se desarrollan en la CNEA, así como “la importancia de tener educación pública, que hay que defenderla y que tiene que ser para todos los argentinos”.

Otro caso similar fue el de Fernando Stefani, que pertenece a la segunda cohorte de egresados (2001). Comentó que le interesaba la investigación académica, pero era difícil porque en su entorno no había investigadores y en el contexto de entonces era una tarea desprestigiada. Por eso, primero estudió Ingeniería Química en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) y, al comenzar a cursar en el Sabato, descubrió que sus profesores eran científicos activos, lo que le brindó la base que necesitaba para redireccionar su trayectoria. “Mi carrera es extraña porque hice mi doctorado en Química en Alemania, ahora soy profesor de física en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA y trabajo todo el tiempo con biólogos, tratando de dilucidar mecanismos de la vida y de las enfermedades en la nanoescala”, dijo Stefani, y destacó: “La formación que obtuve fue muy sólida y versátil, porque con lo que aprendí acá pude trabajar en temas muy distintos de los que se enseñan en la currícula, pero los fundamentos siguen siendo los mismos”.

El recorrido de Martín Iraizoz, egresado de la promoción 2005, en cambio, se orientó desde el inicio a la industria. Su trayectoria se centró en Aluar, ubicada en Puerto Madryn, al sur de Argentina, donde realizó su trabajo final de tesis y ya suma 21 años de carrera. Allí pasó por áreas como ingeniería de procesos e investigación metalúrgica y ocupó cargos de conducción en diversos sectores, que fueron desde la producción de sólidos hasta temas de energía y análisis de fallas en laboratorio. Sobre su paso por el Sabato dijo que lo que más le gustaba eran las materias de laboratorio. “Recuerdo que nos fomentaban que usemos todos los equipos. Eso era fantástico, y hoy lo veo como algo diferencial, cuando hay algún problema en la fábrica que quizás no tiene nada que ver con materiales, pero uno tiene la versatilidad para resolverlo”.

Egresadxs de ayer y de hoy

Junto a lxs primerxs graduadxs, lxs más recientes también participaron en esta celebración, que se desarrolló el 7 de agosto en el Instituto Sabato. Presentaron sus trabajos finales, que representan avances estratégicos en ingeniería de materiales, y algunos hasta les abrieron puertas para trabajar en distintos sectores de la industria y la academia. Es el caso de Guadalupe Baigorria, por ejemplo, que optimizó la producción de tubos para combustible nuclear, con técnicas más eficientes que se adaptan a las normas internacionales de seguridad y pueden aumentar la productividad de la industria local, y hoy ya está trabajando en CONUAR, adonde realizó el trabajo final de la carrera.

Me encantó estudiar en el Sabato y todo lo que fue el proceso: hay que mentalizarse a pasar muchas horas estudiando, porque uno tiene una beca de dedicación exclusiva y nos pagan por estudiar, lo que conlleva la responsabilidad de estar al día, pero también es un beneficio, porque gracias a la beca pude terminar la carrera en tiempo y forma”, afirma Baigorria, que antes de ingresar al Sabato había estudiado dos años de Ingeniería Mecánica en la UBA.

Otro de los desarrollos presentados fue el de Roger Condori, que diseñó un sistema de inteligencia artificial que monitorea turbinas nucleares sin detenerlas para detectar posibles problemas de fricción sin necesidad de apagar la central, lo que permite evitar paradas de planta innecesarias. “Entrar acá es garantía de que en 4 años vas a terminar la carrera, cosa que es muy difícil de lograr en otras ingenierías, si uno no tiene dedicación exclusiva”, coincidió Condori, y destacó el apoyo de las y los docentes: “Acá somos como una familia. Es un microuniverso donde nos ayudamos y nos conocemos todos”, aseguró.

También presentaron sus trabajos finales Agustín Abt, que desarrolló y evaluó sensores de silicio nacionales para detectar daños por radiación en equipos electrónicos, lo que permite prescindir de componentes importados y proteger mejor satélites o reactores; Julián Guerra, que implementó técnicas avanzadas para diagnosticar fallas internas invisibles en paneles solares sin necesidad de iluminarlos, y Martín Maggio, que demostró que añadir manganeso permite ablandar el aluminio con más velocidad durante su horneado industrial y así ahorrar energía y reducir costos de producción.

Entre el público, también participaron lxs nuevxs ingresantes seleccionadxs para cursar a partir de 2026. Como todxs lxs que pasan por esta ingeniería, tenían al menos dos años de estudios previos en alguna carrera vinculada y rindieron un examen nivelador que les dio acceso a una beca de dedicación exclusiva por los cuatro años que dura la carrera.

Una de ellas fue Milagros Moreno, que se decidió a ingresar al Sabato por su interés en plásticos. “Me gustaría poder investigar cómo extender su vida útil y su reciclado, e intentar averiguar cómo lograr el reciclado infinito”, contó. “Es una carrera donde podés salir trabajando casi donde quieras”, agregó su compañero Carlos Zamkauskas, que también dijo que el plan de estudios le parece “más llamativo” desde que comenzó la cursada. Por su parte, Lucas Ferreira admitió que, al principio, la cursada puede ser “un poco complicada, porque te cambia completamente la rutina y se cursa con horario completo”, pero destaca el vínculo uno a uno entre docentes y alumnxs.

Compartir este encuentro con los que recién ingresaron, los que acaban de terminar su carrera y los que hace treinta años que empezaron, nos permite dibujar una especie de línea de tiempo e ir viendo la evolución de los procesos, algo que nos llena de satisfacción y orgullo”, celebró la decana del Instituto, Patricia Bozzano. “Yo también soy egresada del Sabato. Y acá están parte de los padres y madres fundadoras del Instituto. Si no fuera por lo que ellos iniciaron, nosotros no hubiésemos podido continuar. Nos sobran los motivos para seguir adelante, para seguir apostando a la ciencia, a la tecnología y al Sabato”, concluyó.